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Pero el alboroto que esto causó no fue nada comparado con el que se armó cuando Katronia se dio cuenta de que [Rosie] también se había cortado las pestañas. Varias negociaciones (incluyendo, finalmente, medidas tan desesperadas como "supongamos que alguna vez quieres volver a comer") acabaron con la promesa a regañadientes de que, a cambio de que Katronia mantuviera el pelo corto, dejaría en paz sus pestañas.