-
Exigir a cada hombre que escribe que diga algo nuevo, sería reducir los autores a un pequeño número; obligar al genio más fértil a decir sólo lo que es nuevo, sería reducir sus volúmenes a unas pocas páginas. Sin embargo, no cabe duda de que debe haber ciertos límites a la repetición; las bibliotecas no deben amontonarse para siempre con los mismos pensamientos expresados de manera diferente, como no deben amontonarse con los mismos libros decorados de manera diferente.