-
Las armas componen el poder del hombre para conseguir logros; amplían las capacidades tanto del hombre bueno como del malo, y exactamente en el mismo grado, al no tener voluntad propia. Por lo tanto, debemos considerarlas como sirvientes, no como amos, y buenos sirvientes de hombres buenos. Sin ellos, el hombre se ve disminuido, y se reducen sus oportunidades de cumplir su destino. Un hombre desarmado sólo puede huir del mal, y el mal no se vence huyendo de él.