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Se lo debo todo al don de Pentecostés. Durante cincuenta días los hechos del Evangelio fueron completos, pero no se registraron conversiones. Pentecostés registró tres mil almas. Es por el fuego que se enciende en el alma una santa pasión por la que vivimos la vida de Dios. La seguridad del alma está en su calor. La verdad sin entusiasmo, la moral sin emoción, el ritual sin alma, forman una Iglesia sin poder.