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Ningún tratado, por muy ventajoso que sea para todos, por muy bien redactado que esté, puede proporcionar una seguridad absoluta contra los riesgos del engaño y la evasión. Pero puede, si es suficientemente eficaz en su aplicación y si es suficientemente favorable a los intereses de sus firmantes, ofrecer mucha más seguridad y muchos menos riesgos que una carrera armamentística sin freno, incontrolada e imprevisible.