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Vas al hospital, tu mujer está de parto y tú estás haciendo lo que hay que hacer, y entonces es muy desorientador y aterrador y te machacas y pasas por todo un periodo de 'ay de mí' y luego te das cuenta de que esto es un regalo, este niño es la luz, y si puedes alimentar esa luz y dejarla brillar, tienes la oportunidad de acercarte a lo que yo creo que es Dios.