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  • Mientras descendíamos a tierra, me senté en el techo de cristal de la cápsula para contemplar la belleza del amanecer dorado que se abría sobre el desierto. Era un día que nunca pensé que vería y el sol naciente y la creciente calidez del día me parecieron muy preciados. Me hizo ser consciente de que las cosas que se consiguen con esfuerzo son más valiosas que las que llegan con demasiada facilidad. Me recordó que siempre hay que disfrutar del momento.