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  • Todos sentían su superioridad, pero nadie se sentía oprimido por ella. Aunque no se hacía ilusiones sobre la gente y los asuntos humanos, estaba lleno de amabilidad hacia todos y hacia todo. Nunca daba la impresión de dominar, siempre de servir y ayudar. Era extremadamente concienzudo, sin permitir que nada adquiriera una importancia indebida; le protegía un humor sutil, que se reflejaba en sus ojos y en su sonrisa.

    Albert Einstein (2010). “Ideas And Opinions”, p.76, Broadway Books