-
En China había una vez un hombre al que le gustaban los dibujos de dragones, y su ropa y mobiliario estaban diseñados en consecuencia. Su profundo afecto por los dragones fue puesto en conocimiento del dios dragón, y un día apareció ante su ventana un dragón de verdad. Se dice que murió de miedo. Probablemente era un hombre que siempre hablaba con grandes palabras, pero que actuaba de forma diferente cuando se enfrentaba al dragón real.