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  • La definición que Dios da del éxito es, en realidad, una definición de importancia: la diferencia significativa que nuestras vidas pueden marcar en las vidas de los demás. La importancia no se refleja en los récords de victorias y derrotas, ni en los largos currículos, ni en los trofeos que acumulan polvo en nuestras vitrinas. Se encuentra en los corazones y las vidas de aquellos con los que nos hemos cruzado y que, de alguna manera, son mejores gracias a nuestra forma de vivir.