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  • No sólo nos burlamos del propio Festival de Eurovisión, sino que nos mofamos de otros países europeos por tomárselo tan en serio, y todos ellos se desquitan votándose entre sí cada año e ignorando nuestras canciones (a veces) palpablemente superiores. En consecuencia, Gran Bretaña se ha convertido en el Millwall FC de Eurovisión: nos odian, sabemos que nos odian y fingimos que estamos contentos de que nos odien. En realidad, es una situación bastante triste.