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Hasta los tiempos modernos, cuando se convirtió en una tarea principalmente cívica, la educación se consideraba un trabajo sagrado. Era sagrada porque implicaba el espíritu residente en el estudiante y porque requería un espíritu despierto en los profesores. De espíritu a espíritu, de genio a genio, de alma a alma van las verdaderas lecciones que ayudan a los jóvenes a llegar a ser ellos mismos. En última instancia, cada persona posee la clave de la historia que intenta vivir desde su interior, pero primero otra persona debe ayudar a desvelar el misterio de la propia vida.