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Si el "Enemigo del pueblo" de Ibsen viviera hoy, reconocería la ética que ha informado a países capitalistas y comunistas por igual: el crecimiento económico antes que la salud y el bienestar públicos. Los verdaderos enemigos del pueblo son aquellos que siguen sacrificando nuestros intereses a largo plazo por ganancias a corto plazo. Pero quizá todos deberíamos mirarnos en el espejo.