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Casi todos los galos son de elevada estatura, blancos y de tez rubicunda; terribles por la severidad de sus ojos, muy pendencieros y de gran orgullo e insolencia. Una tropa entera de extranjeros no sería capaz de resistir a un solo galo si éste llamara en su ayuda a su mujer, que suele ser muy fuerte y de ojos azules