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La felicidad es imposible, e incluso inconcebible, para una mente sin alcance y sin pausa, una mente impulsada por el ansia, el placer o el miedo. Para ser feliz, debes ser razonable, o debes estar domesticado. Debes haber tomado la medida de tus poderes, probado los frutos de tu pasión y aprendido cuál es tu lugar en el mundo y qué cosas de él pueden servirte realmente. Para ser feliz, hay que ser sabio.