-
Las personas que nos ayudan a crecer hacia nuestro verdadero yo nos ofrecen amor incondicional, sin juzgarnos como deficientes ni tratar de forzarnos a cambiar, sino aceptándonos exactamente como somos. Y sin embargo, este amor incondicional no nos lleva a dormirnos en los laureles. Por el contrario, nos rodea de un campo de fuerza cargado que nos hace querer crecer desde dentro hacia fuera, un campo de fuerza lo suficientemente seguro como para asumir los riesgos y soportar los fracasos que exige el crecimiento.