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En general, las cosas que merecen la pena no ocurren porque sí. La suerte es un hecho, pero no debe ser un factor. La buena suerte es lo que queda después de que la inteligencia y el esfuerzo se hayan combinado al máximo. La negligencia o la indiferencia suelen revisarse desde un asiento poco afortunado. La ley de causa y efecto y la causalidad funcionan igual con exactitudes inexorables. La suerte es el residuo del designio.