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Aquello con lo que el hombre sueña y a lo que aspira, a menos que se cumpla en su propia vida, no puede producirle ninguna satisfacción real. Será un autoengaño y una pérdida de tiempo abogar por el diálogo con quienes no están dispuestos a escuchar, porque es obvio que la libertad de millones de personas no es una mercancía sujeta a regateo. Es mejor morir libres que vivir como esclavos.