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No soy un hombre inteligente, en particular, pero un día, por fin, salí de los oscuros bosques de mi propio pasado, el de mi familia y el de mi país, sosteniendo en mis manos estas verdades: que el amor crece de la rica marga del perdón; que los perros callejeros son buenos perros; que la evidencia de Dios existe en la redondez de las cosas. Al menos he comprendido esto. Sé que esto es verdad.