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El cuasi pacífico caballero del ocio, entonces, no sólo consume del personal de la vida más allá del mínimo requerido para la subsistencia y la eficiencia física, sino que su consumo también experimenta una especialización en cuanto a la calidad de los bienes consumidos. Consume libremente y de lo mejor, en comida, bebida, narcóticos, alojamiento, servicios, ornamentos, vestimenta, armas y pertrechos, diversiones, amuletos e ídolos o divinidades.