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  • En los antiguos pactos, el pueblo era rociado con sangre de becerros sin ella, en sus cuerpos, para obligarlos a guardar la ley; de lo contrario, estábamos destinados a la condenación justa, por quebrantarla.

    William Tyndale (1848). “Doctrinal Treatises and Introductions to Different Portions of the Holy Scriptures”, p.364