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Si se espera que una generación soporte una carga excesiva en nombre de otra, tratará por todos los medios de evitarla. O bien exigirá que se incumplan las promesas del pasado, o no trabajará, o no pagará impuestos, o las personas con más talento se marcharán. Los gobiernos socialistas que han intentado gravar "hasta que las pepitas rechinen" tienen amplia experiencia en ello.