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  • El gobierno arbitrario de un príncipe justo e ilustrado es siempre malo. Sus virtudes son la forma más peligrosa y segura de seducción: adormecen imperceptiblemente a un pueblo en el hábito de amar, respetar y servir a su sucesor, sea quien sea éste, por malvado o estúpido que sea.

    Denis Diderot (1966). “Selected Writings”, New York : Macmillan