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  • La verdadera conversión significa no sólo alejarse del pecado, sino también dejar de depender de la justicia propia. Los que confían en su propia justicia para convertirse se esconden detrás de sus propias buenas obras. Esta es la razón por la que los santurrones están tan enojados con los predicadores del evangelio, ¡porque el evangelio no perdona a aquellos que no se someten a la justicia de Jesucristo!