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El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por naturaleza a la procreación y educación de los hijos. Los hijos son realmente el don supremo del matrimonio y contribuyen en grado sumo al bienestar de sus padres.
El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por naturaleza a la procreación y educación de los hijos. Los hijos son realmente el don supremo del matrimonio y contribuyen en grado sumo al bienestar de sus padres.