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La Iglesia no hace proselitismo. Al contrario, crece por "atracción": así como Cristo "atrae a todos hacia sí" por la fuerza de su amor, que culmina en el sacrificio de la Cruz, así la Iglesia cumple su misión.
La Iglesia no hace proselitismo. Al contrario, crece por "atracción": así como Cristo "atrae a todos hacia sí" por la fuerza de su amor, que culmina en el sacrificio de la Cruz, así la Iglesia cumple su misión.