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No somos la suma de nuestras debilidades y fracasos, somos la suma del amor del Padre por nosotros y de nuestra capacidad real de convertirnos en la imagen de su Hijo Jesús.
No somos la suma de nuestras debilidades y fracasos, somos la suma del amor del Padre por nosotros y de nuestra capacidad real de convertirnos en la imagen de su Hijo Jesús.