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Aunque el paralelismo no es completo, es seguro decir que la ciencia nunca los tocará sin la ayuda de sus aplicaciones prácticas. Sus maravillas pueden ser catalogadas con fines educativos, pueden ser ilustradas por experimentos sorprendentes, por números y magnitudes que sobresaltan o fatigan la imaginación, pero no formarán parte familiar del mobiliario intelectual del hombre ordinario a menos que estén conectadas, aunque sea remotamente, con la conducta de la vida ordinaria.