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En aquel Macondo olvidado hasta por los pájaros, donde el polvo y el calor se habían hecho tan fuertes que costaba respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa donde era casi imposible dormir por el ruido de las hormigas coloradas, Aureliano, y Amaranta Úrsula eran los únicos seres felices, y los más felices sobre la faz de la tierra.