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  • No puedo imaginarme a un Dios que premia y castiga a los objetos de su creación, cuyos propósitos siguen el modelo de los nuestros: un Dios, en definitiva, que no es más que un reflejo de la fragilidad humana. Tampoco puedo creer que el individuo sobreviva a la muerte de su cuerpo, aunque las almas débiles alberguen tales pensamientos por miedo o por ridículos egoísmos.

    Albert Einstein (2010). "The Ultimate Quotable Einstein", p.330, Princeton University Press