-
Lo más divertido en la ingravidez es bajar de cabeza por la escalera, caminar por el techo, perseguir los M&M que lanzas al aire: rebotan por todas partes y tú vas como un pez comiéndotelos. Suelo decir a los niños que cuando vas al espacio y experimentas la ingravidez, el adulto serio que hay en ti deja paso al niño que solías ser, que tenía imaginación, que no ponía límites a lo que era posible.