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Creo que todos esos años que pasé como enfermera, desde los diecisiete años, me permitieron comprender las emociones humanas en esos momentos de la vida en que son tan importantes. Y ver y presenciar esos momentos de dolor, amor, pérdida y todas esas cosas fue un gran privilegio, tanto en mi vida personal como, creo, en mi escritura. Creo que lo que tienen la mayoría de los novelistas es cierto grado de inteligencia emocional, y si no la tienes, quizá te cueste ser novelista, porque eso tiene que salir de algún sitio.