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Para mí, una de las razones por las que me encanta esta forma -la del ensayo personal- es porque es una manera de formar una intimidad con el lector. Lo que le estoy diciendo al lector es: voy a contarte algo; voy a ser generoso; voy a ofrecerme. La confesión, por otro lado, es una especie de imposición porque le estás pidiendo al lector que te perdone o que de alguna manera te exonere o que diga: "Oye, yo soy aún peor". Pero lo que me interesa es ser generoso y ofrecer una perspectiva o sugerir una forma de pensar sobre algo.