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Mis padres son increíbles. Cuando les dije que quería dedicarme al cine, no lo entendieron, pero me apoyaron muchísimo. Pero mientras crecía, tenía esa sensación de: "Vaya, alguien acaba de abandonarme". Eso también estaba impregnado en La vida secreta de las abejas: la protagonista deseando el amor incondicional de su madre muerta, pero muy imaginada.