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Es casi imposible abrir un periódico sin leer algo sobre el mercado inmobiliario londinense. Los precios de la vivienda están subiendo a tal ritmo que la inmensa mayoría de los londinenses no pueden permitirse comprar, se están viendo obligados a abandonar los barrios en los que crecieron o, en el peor de los casos, se están quedando sin hogar. Si no se hace nada, la gente seguirá siendo expulsada de la ciudad y Londres dejará de ser un centro de creatividad y espíritu empresarial.