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Cuando vemos que Donald Trump y Bernie Sanders, candidatos muy poco convencionales, tienen un éxito considerable, es evidente que hay algo ahí que se está aprovechando: una desconfianza hacia la globalización, un deseo de frenar sus excesos, una desconfianza hacia las élites y las instituciones de gobierno que la gente siente que no responden a sus necesidades inmediatas. Y eso a veces se mezcla con cuestiones de identidad étnica, religiosa o cultural, y puede ser una mezcla volátil.