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Creo que [las producciones televisivas] se estaban agotando. Yo había hecho un par de episodios, pero no pasaba nada. Así que fui a Vancouver a visitar a un amigo y a ver qué pasaba, y aquel año fue una locura. Vancouver estaba en llamas en ese momento. Había muchas producciones de Stephen J. Cannell, una de ellas era The Commish, y en una de ellas yo era camarero, y creo que tenía cinco líneas.