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Cuando me dicen (los que confunden la predestinación con la providencia de Dios) que Dios ya sabe quién se salvará y quién se condenará, y que por tanto todo lo que hagamos es inútil, suelo responder con cuatro verdades que la Biblia nos explica: Dios quiere que todos se salven; nadie está predestinado a ir al infierno; Jesús murió por todos; y a todos se les dan las gracias suficientes para la salvación.