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Quizá el Sueño Americano sea demasiado rico para nosotros ahora en EE.UU. Quizá lo estemos perdiendo porque no somos como nuestra abuela sueca, que atravesó las llanuras, taló los árboles y tomó las palabras españolas que encontró y las hizo suyas. Ahora sus tataranietos están aterrorizados, preguntándose qué hacer con todos estos mexicanos. El sueño americano es una imposible afirmación de posibilidad. Y puede que los estadounidenses nativos ya no lo tengan. Puede que se les haya escapado de las manos.