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  • Para mí, los libros bien llevados, con tramas ordenadas y finales elaborados, resultan un tanto pintorescos frente a la realidad, en gran medida incoherente, de la vida moderna; por otra parte, la ficción, al menos tal como yo la escribo y pienso en ella, es una especie de meditación religiosa en la que el lenguaje es la iluminación final, y es el lenguaje, en su belleza, su ambigüedad y sus texturas cambiantes, lo que impulsa mi trabajo.