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Yo no era una de esas chicas que siempre soñó con ser actriz. Fui a una escuela normal y luego aparecieron estos audicionadores de cine cuando tenía nueve años. Entonces caí en un torbellino. Muchas veces pensé: "Vaya, vaya, espera, no estoy del todo segura". No venía del mundo del cine. Ni siquiera veía películas. A mis padres no les gustaban esas cosas, y a mí tampoco.