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[El World Trade Center y el Pentágono] han atraído, como relámpagos reunidos, la ira de los enemigos de la civilización. Esos enemigos siempre están ahí fuera.... Los estadounidenses son lentos para enfadarse, pero poderosos cuando se enfadan, y su ira debería ir acompañada de orgullo. Son el objetivo por sus virtudes -principalmente la democracia y la lealtad a las naciones que, como Israel, son asediadas salientes de nuestras virtudes en un mundo todavía peligroso.