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Así que este mundo se burla de nosotros cuando hablamos del juicio venidero de Dios contra todo pecado, y cuando suplicamos que los pecadores vengan al Salvador para evitar el Infierno. Pero no podemos rendirnos porque nuestra tarea sea fastidiosa, o porque se burlen de nosotros. Tampoco podemos vivir una vida autocomplaciente, porque nuestras convicciones no se basan en cálculos falibles hechos por el hombre. Se basan en la inmutabilidad de la Palabra de Dios.