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  • Odiamos la poesía que tiene un designio palpable sobre nosotros y, si no estamos de acuerdo, parece meterse la mano en el bolsillo de los calzones. La poesía debe ser grande y discreta, algo que entre en el alma de uno y no la sobresalte ni la asombre con ella misma, sino con su tema. - ¡Cuán hermosas son las flores retiradas! ¡Cómo perderían su belleza si se agolparan en la carretera gritando: "Admiradme, soy una violeta; queredme, soy una prímula"!

    John Keats (2002). “Selected Letters”, p.58, Oxford University Press, USA