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Los compañeros de marcha, como los héroes, son difíciles de sacar de entre la multitud de conocidos. Las buenas disposiciones, el ingenio, la conversación amistosa sirven bien junto al fuego, pero resultan insuficientes en el campo. Allí se necesitan trascendentalistas, nada menos; se necesitan poetas, sabios, humoristas y filósofos naturales.