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Si me sentía deprimido o frustrado por mi suerte en la vida, todo lo que tenía que hacer era pulsar el botón Jugador Uno, y mis preocupaciones desaparecían al instante mientras mi mente se centraba en el implacable ataque pixelado de la pantalla que tenía delante. Allí, en el universo bidimensional del juego, la vida era sencilla: Tú contra la máquina. Muévete con la mano izquierda, dispara con la derecha e intenta sobrevivir el mayor tiempo posible.