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Una buena regla en el análisis organizativo es que no se llega a un acuerdo hasta que no se habla de acciones o decisiones concretas. Podemos hablar de quién es el responsable de los presupuestos, del inventario o de la calidad, pero no se llega a ningún acuerdo. Sólo cuando pasamos a las palabras de acción -medir, calcular, preparar, comprobar, respaldar, recomendar, aprobar- podemos dejar claro quién debe hacer qué.