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Cuando reflexiono que la tarea que el artista se impone implícitamente es derrocar los valores existentes, hacer del caos que le rodea un orden que le es propio, sembrar la lucha y el fermento para que por la liberación emocional los que están muertos puedan ser devueltos a la vida, entonces es que corro con alegría hacia los grandes e imperfectos, su confusión me nutre, su tartamudeo es como música divina para mis oídos.