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Podemos contentarnos con la sencillez porque los placeres más profundos y satisfactorios que Dios nos da a través de la creación son regalos gratuitos de la naturaleza y de las relaciones afectuosas con las personas. Una vez satisfechas las necesidades básicas, el dinero acumulado empieza a disminuir la capacidad de disfrutar de estos placeres, en lugar de aumentarla. Comprar cosas no contribuye en absoluto a la capacidad de gozo del corazón.