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Existe una sustancia invisible sobre la que actúa la mente, creando cosas mediante la operación de una ley que el hombre aún no comprende plenamente. Cada pensamiento se mueve sobre esta sustancia invisible en grado creciente o decreciente. Cuando alabamos la riqueza y la plenitud de Dios, esta materia de pensamiento aumenta tremendamente en nuestra atmósfera mental. Se refleja en todo lo que nuestra mente y nuestras manos tocan.